25 de noviembre de 2009

Sobre la minoría de edad

 La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad. El mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la ilustración.


 La mayoría de los hombres, a pesar de que la naturaleza los ha librado desde tiempo atrás de conducción ajena (naturaliter maiorennes), permanecen con gusto bajo ella a lo largo de la vida, debido a la pereza y la cobardía. Por eso les es muy fácil a los otros erigirse en tutores. ¡Es tan cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piensa por mí, un pastor que reemplaza mi conciencia moral, un médico que juzga acerca de mi dieta, y así sucesivamente, no necesitaré del propio esfuerzo. Con sólo poder pagar, no tengo necesidad de pensar: otro tomará mi puesto en tan fastidiosa tarea. Como la mayoría de los hombres (y entre ellos la totalidad del bello sexo) tienen por muy peligroso el paso a la mayoría de edad, fuera de ser penoso, aquellos tutores ya se han cuidado muy amablemente de tomar sobre sí semejante superintendencia. Después de haber atontado sus reses domesticadas, de modo que estas pacíficas criaturas no osan dar un solo paso fuera de las andaderas en que están metidas, les mostraron el riesgo que las amenaza si intentan marchar solas. Lo cierto es que ese riesgo no es tan grande, pues después de algunas caídas habrían aprendido a caminar; pero los ejemplos de esos accidentes por lo común producen timidez y espanto, y alejan todo ulterior intento de rehacer semejante experiencia.


 Por tanto, a cada hombre individual le es difícil salir de la minoría de edad, casi convertida en naturaleza suya; inclusive, le ha cobrado afición. Por el momento es realmente incapaz de servirse del propio entendimiento, porque jamás se le deja hacer dicho ensayo. Los grillos que atan a la persistente minoría de edad están dados por reglamentos y fórmulas: instrumentos mecánicos de un uso racional, o mejor de un abuso de sus dotes naturales. Por no estar habituado a los movimientos libres, quien se desprenda de esos grillos quizá diera un inseguro salto por encima de alguna estrechísima zanja. Por eso, sólo son pocos los que, por esfuerzo del propio espíritu, logran salir de la minoría de edad y andar, sin embargo, con seguro paso.

("¿Qué es la Ilustración?" de Immanuel Kant)
Siempre adoré este texto.

26 de octubre de 2009

Sobre Cielos e Infiernos

Aquí les dejo un rápido estudio basado en datos proporcionados por la Biblia, al no poder poner el autor, ya que lo escribió como anónimo, os dejo el enlace de la página donde lo encontré: AQUÍ.


"Para su supina inteligentzia, me gustaría que me aclarase alguina cuestión de corte científico.




De resultas de la declaración de fe, en la que se afirma que el infierno existe, los datos con los que me manejo no me dejan claro "aonde esta el infierno realmente", porque,la temperatura del Cielo se puede determinar con bastante precisión. Nuestra autoridad es la Biblia, en Isaías 30,26 podemos leer,
"La luz de la Luna será como la luz del Sol, y la luz del Sol será siete veces mayor, que la luz de siete días...."
Por tanto, el Cielo recibe de la Luna tanta radiación como la Tierra recibe del Sol, y además siete veces siete (49) veces lo que la Tierra recibe del Sol, o 50 veces en total. La luz que recibimos de la Luna es una diezmilésima parte de la luz que recibimos del Sol, por lo que podemos ignorarla. Con estos datos podemos calcular la temperatura del Cielo. La radiación que recibe el Cielo lo calentará hasta el punto en el que el calor perdido por radiación iguale el calor que recibe. En otras palabras, el Cielo pierde, por radiación, cincuenta veces más calor que la Tierra . Utilizando la ley de Stefan-Boltzman para la radiación
(C/T)4=50
donde T es la temperatura absoluta de la Tierra, 300 K (27º C). Esto permite calcular para la temperatura del Cielo, H, un valor de 798 K (525 ºC).
La temperatura exacta del Infierno no se puede calcular exactamente pero debe ser menor que 444,6 ºC, la temperatura a la que el azufre cambia de líquido a gas. En Apocalipsis 21:8 podemos leer ,
"...para los idólatras y todos los mentirosos, su herencia será el lago que arde con fuego y azufre...".
Un lago de azufre fundido significa que su temperatura debe ser igual o menor que el punto de ebullición, que es 444,6 ºC. (Por encima de ese punto, sería un gas, no un lago)
Tenemos entonces que, la temperatura del Cielo es 525 ºC y la temperatura del Infierno 445 ºC . Por lo tanto, el Cielo está más caliente que el Infierno.
¿Alguien puede explicarselo a su santidad?
Legend"


De todos modos, me sigue pareciendo una temperatura muy alta para mantener fría la cerveza en el Infierno.

24 de octubre de 2009

Aquí no se respeta de la selva ni la ley

Porque sabemos hacer del escapismo un arte.
Porque siempre queda espacio para nuevas libertades.




("Porque las cosas cambian", de Enrique Bunbury, Hellville Deluxe)

11 de octubre de 2009

Las quejas del contramaestre

Chapoteando en la certeza de no tener nada
me cruzo en mi camino desalmados
que pretendieron hacer de mi alguien de provecho.
¡Nunca se haga en mí eco tan insano!

Le rezo a un dios que no existe
y que de existir no contaría para mí.

Me sacudo el polvo y asimilo tu literatura.

¿Será nuestra síntesis un robo
a siglos de pestilente cultura?

No creo en ninfas ni otras mitologías.
Buenos modelos según para quién.
No quiero dinero, ni halagos ni morir.
En vuestro juego social no quiero entrar
pero no me consentís salir.
¿Os hago algún mal?

Me mantengo al margen de la estupidez
esperando en este asqueroso andén de decepción.
He paseado por vuestros vagones
y observé allí la terrible maldición de la ignorancia.
¿La obtuvisteis a cambio de comodidad?
¿O tal vez de libertad?

Me tenéis cansado y aburrido. Ya ni me quiero enfadar.
Seguid con vuestros tontos juegos,
la culpa es mía por esperar de vosotros algo más.

---

-M.S.: ¿Por qué la vida es tan rara?
-M.: Porque si no tendría algún sentido.

6 de octubre de 2009

Pensamiento libérrimo

Queridos -y no tanto- lectores:

Imagino que no lo habrán notado, pero hay un nuevo enlace en mi lista hacia un blog llamado "Pensamiento libérrimo". Bien, este es un blog que acaba de ver la luz pero que lleva meses gestándose. En él escribiremos tanto Elvira como yo, aunque presumimos que la mayoría de entradas, las publique quien las publique, serán escritas "a la limón".

¿La intención de esto? Hemos procurado dejar bien claro esto en una cita que recogemos al comienzo de nuestro querido Oscar Wilde, pero para los menos aptos la aclararé ahora: No tenemos ninguna.

Este blog, como todo lo que puebla el Universo, queremos que sea libre de intención alguna (problemas metalingüísticos aparte) y dejar que, simplemente, se vaya desarrollando.

Hemos querido hacerlo con gracia, cogiendo cosas de uno y de otro. No podemos decir si va a ser un blog que trate sobre todo temas serios o no. No lo sabemos. Lo que sí aseguramos es que será un espacio muy imbuido en nuestra propia personalidad.

Espero que mis lectores y los suyos lo disfrutéis. Y si los tenemos compartidos imagino que os gustará saber cómo resulta la mezcla.

(Reedito para decir que si alguien quiere auténticas verdades universales puede acudir a este sabio )

27 de septiembre de 2009

Barbie debe morir

Porque Nancy O prefiere verla muerta
Barbie debe morir
Porque Nancy Reagan vale mas que ella
Barbie debe morir
porque esta mas gorda que Nancy Anorexica
Barbie debe morir
porque esta mal hecha es demasiado vieja
Barbie debe morir

porque a mi me da la gana
porque ken lo quiere asi
porque se ha vuelto muy rara
Barbie debe morir(4)

Porque habla mal de Nancy Trabesti
Barbie debe morir
insulto a la verdadera Nancy Rubia
Barbie debe morir
Porque fue juzgada y condenada
Barbie debe morir
porque tiene muy revuelto el carma
Barbie debe morir
porque es tan americana
porque ken sera feliz
porque es un poco fulana
Barbie debe morir (x8)

y las Nancys se reiran
porque Barbie lo va a pasar fatal

Barbie debe morir(x3)
Barbie muerete ya
oh oh oh
 
(Barbie debe morir, Nancys Rubias) 

19 de septiembre de 2009

Desidia

Cansado de esperar las migajas
que tu osadía quería donarme para las heridas,
me alejo de tus mentiras, tus falsas miradas
y me marcho allá donde ya no pueda encontrarte.
Me dijiste que me amabas; yo te amé como un loco
y ahora tengo que marcharme, a aquel lugar o a cualquier otro.

Fueron esas palabras duras las últimas que supe darte.
No creo que lo mio sean las despedidas
ni que tú quisieras escucharme ni un minuto más.
Y, si fue la crueldad lo último que viste,
es porque era la guinda final de mi museo de simpatías.

No podías ser eternamente linda.

Ahora rezo para mí una letanía de melancolías
que no saben fortalecerme, pero que me salvan de la locura.
Y, como un dios destronado de su cielo, caigo al infierno
del olvido, la falta de ternura y los atrasados por qués.
Me mantengo en la desidia, en los días que se alargan
y que me mandan tener algo que hacer.

Pero no puedo, no encuentro ningún motivo
-ni aún furtivo- que no me haga entristecer.
Me mantengo en la rutina, en las noches pausadas
llenas de falsas risas, tabaco y vino.
Caigo en el abismo de mi propia vida.

Y no sabría salir y encontrarme, de nuevo, con la alegría.

Escribo mis penas y desdichas en papeles arrugados
que terminan en el suelo, junto a mi esperanza.
Ya me he marchado, pero no he sabido encontrarme.
Tal vez no supe hacerlo, no supe arreglarlo
ni cuidarlo, ni tan siquiera supe, tal vez, buscarme.
Y entre estas malsanas penas caigo derrumbado.

Quiero levantarme, quiero huir de nuevo,
pero mi cinismo me dice que será para caer nuevamente.
Tomo impulso, salto. Pero el asidero está aún muy lejos.
Y ahora, como perro maltratado, vuelvo a tí
con el rabo entre las piernas, para pedirte consejo.

Pero no se puede esperar cariños del tiempo.

9 de septiembre de 2009

Cartas y despedidas

Nota del autor: Me aburro, y esto me lleva al juego, al ingenio. He intentado hacer una poesía rápida, desesperada, y creo que debo avisar que, para una lectura adecuada, es recomendable hacerlo de la misma manera. No os pido que desesperéis, más bien que procuréis hacer una lectura ávida.

Parado en las vías de una estación
en la que hace mucho que los trenes
dejaron de pasar,
intento recordar aquella canción
que un día nos unió, los días alegres,
y sólo recuerdo tu cara, tu sonrisa y tu voz.
Y esto no me deja comprender el motivo fúnebre
que decidió acabar con nuestro amor.

Y por más que me empeño no me consigo adaptar
al movimiento de esta vida sin seguridad,
seguridad que antaño me dabas y que ahora me falta.
E intento encontrar una solución
al lobo del hombre, su mezquindad,
sin quererme consolar en la fácil razón
de que así somos, que no hay justicia, belleza o verdad.
Pero siento miedo, en tu intimidad lo reconoceré,
de enfrentarme a esto sin ser tú mi bastión,
mi apoyo fuerte, alegre e inocente en el que me apoyé
para que fueras mi acompañante en la soledad,
única compañera fiel en esta vida de confusión.
No soy como esperaba. Pensé que te podría olvidar.

Pero pasa que cuanto más tiempo,
cuanta más distancia hay entre tú y yo,
más en este caos me hundo y me pierdo.
¡Y aún no recuerdo esa triste canción
en la que con melancolía poderme hundir!
Y así recordar aquellos tiempos en los que eras mi vida,
en los que, con una paz solemne,
podía dormir abrazando nuestro amor.

Y no ahora que, con mil cigarros por bandera,
con lápices y hojas como escudo,
salgo a la calle con mis gafas de sol,
ocultándome de este mundo
que sus miserias muestra al astro sin pudor.
Siento inevitable pensar en nuestra mediocridad.
Y entre fiestas y alcohol
yo sólo me limito a observar
las penas que con buenas fotos pretenden callar.
Y aún sin recordar el estribillo
vienen a mi cabeza las palabras del poeta
en que aseguraba con destreza
antes de que tú me mates, prefiero matarme yo”.

O tal vez sólo me limite a huir
para demostrarme así que tiene algún sentido
destrozar algo que fue para mí lo más bonito,
lo más precioso y bueno que pude consentir
en mi vida, que debería ser asquerosa y sin brillo.
Pero ¿cómo dejar escapar la oportunidad
de poder abrazarte, de dejarme por ti amar?
Aunque eso significara ser feliz.

Me iré, marcharé de aquí esperando poderme encontrar.
Volando, como Cyrano, no muy alto, pero solo,
procurando poder discernir lo que está bien y mal,
alabaré a unos pocos, desecharé a los demás.
Y en mi huida tal vez te vuelvo a encontrar
paseando, con la elegancia de la que tú sola eres capaz,
por alguna bella ciudad.
Aprovecharé entonces la ocasión para darte esta carta,
hablarte de mis aventuras tal vez.
Y, una vez demostrado todo mi amor,
podré marcharme libre, de nuevo sin rumbo, sin pasión.
Pero sabiendo que al menos una vez en mi vida, ya larga,
has tenido en tu exquisita alma mi corazón.

6 de septiembre de 2009

Mi Marla particular

Pobre, sucia y destrozada,
uñas de color desgastado,
robando ropa en centros de lavado
para venderlas en la siguiente esquina.
Hace ya mucho que no lloras
y que te refugias en las medicinas,
en el fondo de los vasos ya vacíos.
¿Qué te hará reír ahora?

Huiste mil veces para volver después.
Avanzar por la vida con hombros caídos,
con ojos cansados, con manos gastadas.
En un sucio apartamento lleno de liendres
malvives tu vida insana.
Lo tuyo son las malas compañías.
Debiste escuchar las palabras hirientes
de las que fueron tus viejas amigas.

Los años en ti sí pasan en balde.
Ni las canciones ni los poemas
que seguiste sin ver sus problemas
pueden ahora contar, de horrendo,
tus historias con mujeres y hombres.
Y cuando cae la noche en tu cabeza
quisieras salir de allí corriendo,
volver a tu juventud y recuperar tu nombre.

Pero sabes que hay elecciones
de las que eres única responsable.
Y sin poder siquiera llorar
quieres gritar y encontrar otro culpable.
Pero no hay salida para tu vida,
no se pueden solucionar tus errores.
Y te revuelves contra ti misma
inyectándote otra dosis de bellos colores.

Ni el sexo sucio ni el alcohol
pueden hacerte mejorar.
Y, encerrada en tu habitación,
poco a poco vas perdiendo la cordura.
Y te dices “mejor esto que luchar”.
¿Quién podría acompañarte en la locura
para intentar hacerte reir?
¿Elegiste vivir así?

Y un día te encontraré sentada
en los escalones de un sucísimo portal.
Te tenderé una mano y te haré huir
poniendo carretera y alejándote de la soledad.
Iremos a alguna ciudad despoblada
de edificios derruidos y cielo gris.
Donde no exista el horror ni la verdad,
donde construir nuestro imperio de mediocridad.

2 de septiembre de 2009

Abandono

No somos los hombres seres perfectos, lo sabemos.
Son los restos de nuestros fracasos nuestra memoria
y las pequeñas dudas el inicio del fin de la historia.
Paseamos, caminamos intranquilos por nuestras desdichas
recordando tal vez aquel error, sabiendo que no hay salida.
Nos clavamos las astillas del duro recuerdo
y nos sentimos incapaces de exorcizarnos de nosotros mismos;
Un nosotros funesto que ya no somos, pero que fuimos.

Era ella la mujer del rostro engañoso.
Tal vez nunca aprendí a comprender su mirada
y caí rendido por su aspecto glorioso.
No era ángel, ni era demonio. No era hada, tampoco duende.
¿Era una ninfa o era simplemente humana?
Tal vez su forma de ser solo existió en su mente.
Quizás no exista aún especie donde poderla clasificar,
una etiqueta donde ver su nombre junto a los demás.

O posible y simplemente me dejé engañar.

Sus ojos duros me miraban y me crucificaban,
el gesto de sus labios me daba paz.
En nuestra relación nunca pude ahondar en su personalidad,
pero ella siempre me aseguraba que la hacía feliz.
No lo comprendía, ¿cómo lo hacía? Un misterio.
Tal vez por eso tampoco entreví el fin,
tal vez por eso jamás me lo tomé en serio.
¿Me mandaba con su mirada mensajes de aviso,
mensajes que, en mi ceguez, no conseguí ver?

Tras la despedida -una simple nota le bastó-
me encontré solo en una casa demasiado grande,
en una cama demasiado sola, en el recuerdo de su olor.
Y me pasaba las horas oculto en un rincón,
no sé si de la casa o de mi alma, atesorando telas de araña.
Marañas de disculpas tardías venían a mi cabeza
mientras que el sentimiento de culpa me invadía.
Y no sé si lo que más me aterra es no conocer la causa
o que, de horrible, no quiera reconocerla.

La quería ¡la quiero! Y soy incapaz de olvidar su pelo,
de olvidar su risa y aparente cara de niña.
Incapaz de desestimar su interacción con los objetos
cada vez que yo mismo realizo algún movimiento.
Pero es la condena, ya mil veces descrita,
de aquellos que le debemos al abandono el sufrimiento:
Nunca olvidaremos los ecos que ya no resuenan,
las imágenes de tiempos pasados, los años tiernos,
querrán imponerse por la fuerza.

Tal vez huir sea una opción sensata,
la esperanza del que huye de su propio remordimiento.
¿Pero no es la cobardía propia del guerrero?
Escapar de los recuerdos, de las miradas en el espejo.
Intentar olvidar -aunque de dificil, es imposible- su reflejo.
¿No huiste de mi lado? ¿No me abandonaste al polvo?
¿Por qué, entonces, habita junto a mí tu espectro?
Me hundo, me hundo en la desesperación del loco.
¡Vuelve a mi lado! ¡Te quise y te odié tanto!

Pero no. No vuelves, y yo me consumo en el lodo
fabricado por el manto de mis lágrimas y mi arcilloso cuerpo.
Y mi triste figura se consume en su rincón mohoso,
sus heridas no supuran y se gangrenan. Me quedo muerto.
La casa de nuestros sueños envejece, y se cae la pintura.
Todo es gris, dentro y fuera; todo es para mí desierto.
No vuelves, no. Y no volverás jamás.
Y poco a poco se apagan en mí las luces de mi cordura
y son sustituidas por las velas de mi entierro.

22 de agosto de 2009

Presentación

Y ahora permítanme que me presente
con mi genio pero sin mi figura,
como nunca me presenté y jamás quisiera haberme presentado.
Y es que si alguna vez pensaron que mi alma era pura
quisiera con lo siguiente de sus mentes borrarlo.

Vicioso, mentiroso y caradura.
Adoro cantar, escribir y leer poemas espantosos,
jurarle a la luna que soy su esclavo
y a los hombres que soy un ser pecaminoso.
Y aunque del satélite vasallo, mi alma es libre.
Ateo, más por convicción que por creencia,
no creo que la carencia de moral sea lo mío.

Como persona de gran estilo me presento a veces,
otras como el hombre más triste.
Delicioso me resulta el simular
pero considero la hipocresía como un gran mal.
Tan inteligente como el que más,
tan arrogante y aguerrido como el más temido.
Una vez me llamaron "pequeño Satanás".

Ando por el mundo como su dueño
y me rio de todo sabiendo que poco importa.
Unos luchan por grandes causas
otros por su propia tibieza:
Yo tan solo lucharía por mi independencia.

Miradas de soslayo y sonrisas de suficiencia,
inquieto al más tranquilo y desespero al más creyente.
Los Infiernos, de inventarse, fueron inventados
para tener un lugar donde encajar lo suficiente.
Si limitase tal vez mis palabras muchos lo agradecerían,
pero caería enfermo y desesperado
al tener que soportar tanta estulticia callado.

Avaricioso en dones, astuto y lascivo.
Sexualmente equívoco, filtreo con unos y con otros,
y si el filtro debe ser un sexo, prefiero el femenino.
Humanista y misántropo.
Amo a la humanidad pero veo en un solo hombre a mi enemigo.
Considero el desdén la mejor defensa
y el ataque sin reservas como un entretenido juego.

Vanidoso y presumido
suelo canjearme más enemigos que amigos.
Cuido mi aspecto, cultivo mi ego:
Cada mirada medida, medido cada gesto,
ando y hablo con pausado movimiento.

Fumador y amigo del tequila
me gusta la noche y las tardes tranquilas.
Visitante asiduo de cafeterías y pubs,
en ellos me muevo como en mi propio hogar.
Caminar por los bosques o las calles vacías
se me antoja una delicia.
Amo al mundo decadente, los sueños y la vida.

A veces cariñoso, muy pocas malhumorado.
Nervioso, maníaco y apremiante.
Me gustan los personajes malvados, rebuscados e inteligentes.
Me indentifico con los taimados, orgullosos y valientes.
Así soy yo, poco encantado de conoceros,
pero gustoso de que ahora me conozcan
y que a mí me importe un huevo.

4 de agosto de 2009

Verano Fatal

Lo vi en un escenario intentando disparar, a este chico solitario no me tengo que acercar, tus ojos me encontraron en la última canción no sé si era una promesa o una premonición. / Te observo al descender y una extraña sensación después, cómo poco a poco me voy empezando a encoger, llegando a la ciudad la mujer del tiempo nos dirá que a una primavera en calma siempre le sucederá un verano fatal. / No tenemos que escondernos alguien nos encontrara, hacer siempre lo incorrecto es una forma de acertar, la mañana nos recoge donde muere la ciudad, yo buscando tu fuerza y tu mi debilidad. / Te vuelvo a escuchar en esa forma especial de hablar, para ser un buen cantante tienes que desafinar, hoy hace más calor y me tienes atrapado en tu rincón, quien podría imaginar lo que nos iba a deparar un verano fatal. / Y aquí las noches llegan y nos pasan como un reactor y todo lo que nace, nace casi como por un error y las gaviotas chillan que ya está cerca el final de un verano fatal. / Te pierdo entre la gente que ha venido a celebrar que llega el presidente y dice que nos va a salvar, veo pasos en la orilla y te vuelvo a encontrar en el agua de rodillas cruzando hacia altamar. / Y hablamos del amor pero es la hora del adiós y el viejo que no sabe nada con su acordeón y al huir de la ciudad la mujer del tiempo nos dirá que a un otoño desastroso siempre le precederá un verano fatal.

21 de junio de 2009

Una pequeña certeza entre adversidades

Si damos por supuesto que mantenemos una necesidad de eseidad, que esta nos persigue y a la misma vez nos arrastra hacia una autocontemplación del sí mismo en la búsqueda de poder decir “este soy”, consiguiendo, por tanto, que el efecto reflejo del otro nos defina una campo que delimite nuestro yo, ¿cómo podemos averiguar lo que es bello? Es más, ¿es la Belleza una realidad preconsciente a la certeza tal y como se nos presenta en un estado anímico correcto o, más bien, es una necesidad apriorística?

A ver, bien es cierto que la existencia de un estado de inconsciencia fue algo más que demostrado, y que esta nos previene de ciertos traumas posibles ante, llamémoslo así, un síndrome de Sthendal. Pero no es menos cierto que ante el éxtasis de la belleza uno reacciona de formas muy distintas. Se conoce el caso de algunos que han recitado por completo la Crítica de la razón práctica kantiana tras verse derrotados ante la magnificencia de un cuadro. Nietzsche mismo comprobó ante Tristán e Isolda la realidad unívoca de un amor heterosexual, y reafirmó, así, el vitalismo que lo consumía. Además, la sociedad siempre ha buscado en el ello la sustancia.

De todos modos no termina de quedarme claro. Si el arjé es el primer principio –valga la tautología-, ¿cómo puede decirse a continuación que el Uno está más allá del Ser? No sé, me tiene confuso.

Creo que importa poco. A fin de cuentas, los principios que aceptamos de forma natural, aunque sean condicionamientos sociales, bien podrían entenderse como una serie de prejuicios no sometidos a crítica por miedo a la tradición. Ante esto Maquiavelo decía que es mejor postergarlos, pues todo cambio entraña un riesgo. Pero claro, si revisáramos a Heráclito descubriríamos que todo fluye y, por fluir, fluye hasta el hombre. No justifico por ello técnicas abortistas en lo que al pensamiento se refiere, pero sí digo que algún que otro “varapalo” podrían llevarse los teóricos físicos que niegan una teoría relativista del Universo.

No quisiera ahora entrar en Leibniz, creo que sería liar un poco el rizo ahora que empieza a estar esto algo más claro. De todos modos, creo que no estaría de más echarle un vistazo a colación de esto. ¿No sería un interesante e innovador enfoque?

En fin, es francamente apasionante toda esta investigación acerca de lo necesario, -y de lo que no lo es tanto, hay que admitirlo-.

18 de junio de 2009

Fragmentos de un sueño

Ella preparaba tortitas. Era ajena a toda la inmundicia que nos rodeaba, a aquellos que mueren en trincheras o en su propia choza, retorcidos por el hambre. Tal vez apenas escuchaba la estruendosa música que sonaba a nuestro alrededor. Los pájaros cantaban en la carretera vacía, ella preparaba tortitas.

La veía manejarse con cierta desenvoltura, peleándose ahora con la no fácil tarea de conseguir darle la vuelta al preparado, medio hecho por un lado, completamente crudo por el otro. Ella preparaba tortitas, y el sol iba poco a poco a ocultándose, ajeno también a todo, en su eterno ciclo. Los rayos apenas llegaban ya a dar sobre la ropa que lánguidamente colgaba del tendedero de la ventana.

La música cambiaba, de pista en pista, el clima iba tornándose cada vez más fresco, el timbre y el teléfono sonaban de cuando en cuando. Ella, preparaba tortitas.

Tal vez no era la hora adecuada, tal vez no era el lugar adecuado. Muchos pensarían que tanto lo uno como lo otro era, si es posible, lo menos acertado, lo más equívoco que uno podría hacer un martes cualquiera, en plena semana de exámenes. Ella, en su quehacer, no caía en la cuenta de estos detalles. Ella preparaba tortitas. Ella adoraba el error.

Haz siempre lo incorrecto, es una forma de acertar.

Ni el sucedáneo de licor en una copa demasiado bella para no contrastar de forma tremenda con la habitación, ni el polvo acumulado sobre el suelo y la mesa, ni la televisión apagada reclamando atención, ni los libros amontonados, esperándonos, podían ahora esperar de ella ni el consuelo de un vistazo. Centrada en su tarea, sartén hacia arriba, sartén hacia abajo. Ahora la mantequilla que, con un juego de muñeca, esparce mientras se derrite por toda la sartén, después el preparado, se deja hacer unos segundos, se le da la vuelta y luego al plato, justo encima del montón de hermanas. Luego, vuelta a empezar. ¿Cuántas llevaba? Ni ella lo sabía. Presa de una suerte de embrujo, de un frenesí enloquecedor, ella, simplemente, preparaba tortitas.

Allá, en lo que llaman mundo real, la gente seguramente continuará su triste existencia. Monotonía. Nosotros, encerrados en una especie de sueño disparatado, huíamos del cotidiano vaivén de la vida. Ni los días, ni las semanas, ni tan siquiera los meses podían afectarnos. Estos simplemente pasaban, y nosotros, si en algún momento los contábamos era para reírnos, a una vez, tanto de su rapidez como de su innocuidad. Si teníamos alguna forma de contar el tiempo esta era por estaciones. Pero en ese momento esto tampoco importaba. Ella, presa de su propia alegría de vivir, preparaba tortitas.

31 de mayo de 2009

De gorriones

Un gorrión yace muerto en la acera.
Me pregunto si él cantaba cuando yo lloraba.
Él ahora yace, y con cierto regocijo lo miro
y me rio al pensar que soy yo el que vive.
Una triste figura figurando la tristeza.

Una de las alas tiesa hacia el cielo,
como si quisiera remontar el vuelo.
El viento lo mueve, parecería vivo
sino mantuviera el pico abierto
y la panza hacia arriba.

¿Cayó en picado o murió en larga agonía?
Tal vez se posó donde no debía,
tal vez era consciente del inminente final
y esperó el último aliento con calma.
Tal vez su fin fue un fin siniestro.

Y yo aquí lo observo y pienso
en la tristeza de la existencia.
Él voló libre, retó a los vientos.
Pero hasta los que más alto vuelan
terminan tocando el suelo.

27 de mayo de 2009

24 de mayo de 2009

Inmortales

Nadie nos prometió vivir eternamente,
nadie así vivió. ¿De dónde sale
la idea de lograrlo como el mejor?
Una triste ilusión de nuestra mente
que nos cree inmortales en la juventud.
Y aunque grises pasen los días normales
no pensamos realmente en nuestra finitud.

Nos aferramos a la vida,
aunque se nos antoje, a veces, vacía,
temiendo que no exista otro presente,
otro futuro o un mañana a recordar.
Moviéndonos por la espiral del más crudo
sinsentido del no creyente, queremos olvidar
que nada nos sostiene ni mantiene.

De acá para allá, de allá para acá.
Tal vez te emborraches una vez más,
tal vez decides que, como inmortal que eres,
no mueres y te puedes entregar con impunidad
a una completa vida inmoral.
Y no hablo de bien ni de mal.
¿Algo así existió jamás?

Pierdes a tus amigos,
aquellos que quisiste de verdad.
Y sonríes como un idiota sin ánimos,
como un pelele que se deja manejar.
¿Eres dueño de tu vida o ella te posee?
¿Por tener te quedaste sin querer?
Y no tienes canciones ni poemas con los que llorar.

Pero te dices que sí, que todo tiene
algún más que posible fin.
En el fondo no eres tan malo,
¿cómo serlo si no quieres?
¿cómo con lo estúpido que te hace sentir?
Comprendes que lo raro no es el ruido
sino el silencio que no dejas de escuchar.

Y tú, que creiste poder vivir parasiempre,
descubres que estás solo, y envejeces.
Solo, y no por condena, sino por permitir
que tus actos te posean.
Languideces y comprendes cómo
aquellos que por la vida se pasean
llegan, irremediablemente, a morir.

19 de mayo de 2009

Soledad

No sé si alguna vez lo has sentido:
Una soledad que te ahoga
pero que no te asola un tiempo
y después, tras estallar, te abandona.
Hablo de un sentimiento que te roza
como si estuviera en movimiento,
haciéndote saber que cuando quiera
volverá para hacerte comprender
que, en esta vida, vas a solas.

No es una soledad relajadora,
no es algo que se quiera, sabiendo
que, cuando te canses de ella,
podrás volver junto a otra persona.
No. No hay consuelo, no hay respuesta.
Buscas y buscas, y sólo encuentras
que en toda la vida no hallarás
compañía alguna que te haga descansar.
Que no, no encontrarás paz jamás.

Ves tu alma y comprendes
que no hay ninguna mente capaz
de profundizar en la tuya.
Aceptas las palabras del filósofo:
<<No encontrarás los confines del alma
ni aún recorriendo todos sus caminos;
tal es su profundidad.>>
Y sabes que es verdad, que ni el Destino
podrá esto alguna vez cambiar.

Te sientes lejos de todos,
más que por necesidad, por crueldad.
¿Qué te ha hecho ser así?
¿Qué te impide, de cualquier modo,
sentir que, al fin, conectas con alguien
que te comprende, te habla y te contesta
haciéndote ver que siente también así?
Un alma gemela que anhela
encontrarte, como tú a ella.

Te cansas de buscar, de esperar.
Resuelves que sólo te queda
refugiarte en libros y canciones.
Allí desesperas, leyendo mitos inventados
de grandes héroes de fábula más vivos que tú.
Y piensas: "Si nunca viviré así
prefiero mantener mi laxitud".
Ves que no hay vuelta atrás
y sientes que mueres.

Un rayo de esperanza cruza, tal vez,
por el horizonte de tu vulgaridad.
Quieres creer que esta vez es verdad,
pero sabes que eso también pasará.
La mayor aventura de tu vida
consiste en ver los días pasar,
como un enfermo en un hospital,
como un animal en un agujero.
Pero no te atreves a ponerle final.

Te falta voluntad para cambiarlo todo,
no te atreves a arrojarte al abismo.
Sin luchar contra tí mismo, sin atreverte
a emanciparte de tu color monocromo.
Y culpas al mundo por ser así,
y cierras los ojos para no ver tu poquedad.
Cuentas los años por eones.
La grandeza de tus metas
te hundió por lo pequeño de tus errores.

Y podría decir que esto son posiciones
que van y vienen. Ahora están, ahora no.
Pero es la triste realidad, y se mantiene.
No tengo una palabra de aliento que brindarme.
Y si fuera el pasearme de un lado a otro de la locura
la mejor de las conjuras para deshacer lentamente
estos enredos del alma, me lanzaría en su búsqueda
para lograr, aún de forma insana, la calma.

Pero no huyo. No por valentía, sino por desgana.
Me quedo quieto en mi rincón, y me pudro.
No tengo ni la cortesía de limpiarme el polvo
gris puro que genera mi decepción.
Me canso, mil veces me suicido en mi mente
pero, como condenado a vivir así eternamente
renazco al amanecer cargado de rencor.
Y así sigo, manchado en el orgullo y hundido,
en mi rincón alejado de la muerte.

16 de mayo de 2009

Escepticismo

Como dijo el poeta una vez
nadie a quien amar es
nadie a quien dañar.
Y, de igual manera, nada en que creer
son ilusiones que no destrozar.
Los sueños que no creas en tu mente
no serán pesadillas que te persigan.

Y yo les digo a aquellos que me admiran
que tornen su mirada lejos de mí,
que no caigan en la mentira
de querer ser feliz.
Ninguna finalidad tiene la vida,
los árboles están ahí para estar,
y nosotros nos podremos siempre preguntar,
pero aún así no tendremos ninguna finalidad.

Busqué hacerte la mejor poesía
y me quedé con palabras vacías,
con mentiras que lloraban, sin decir nada,
las penas que no había purgado.
Y si alguna vez he jurado que volvería,
que tornaría con mi sonrisa de canalla
y sanaría tu alma magullada,
espero que supieras que era mentira,
como lo eran todos mis gestos de alegría
o como jamás lo fue mi amargura.

Quisiera tener un dios en que creer,
una verdad o fe de la que no sospechar,
a alguien que entre mis brazos mecer
para decirle que creo en la bondad,
que ella es buena y yo también,
que existe salvación y que creo en su amor.
Que si amar es entregarse al vacío,
mucho peor es hacerlo al olvido.

Pero nada de esto tengo, y por no creer
no creo ni en lo que observo.
Tal vez mis palabras ya sean sinceras
y tan sólo a ellas me aferro como clavo ardiendo,
ardiendo como mi alma incapaz de otra pena
que no sea la de no encontrar la calma.

Por esto voy dejando los días pasar
uno tras otro, como en fila,
y frente a mí van desfilando pausados
como monstruos en la casa del terror,
reflejándose agrandados en el espejo de mi desesperación.

De este juego sólo veo una forma de salir,
y si morir no es una opción
quisiera que alguien me enseñara otra mejor.
Ni el cariño podría darle un sentido
a esta soledad que me ahoga, que me devora
con el ahínco de un lobo perdedor.
Y si vivir es no conseguir
yo quiero perderlo todo para, así,
poderme reír al reconocerlo.

Podría dejarme llevar por la locura,
abrazar todas mis dudas y no luchar
contra esto que me invade y me destroza.
Pero, aún sabiendo que no hay nada que ganar
digo que militia est vita, y si es lucha,
pienso batallar hasta el final.

5 de mayo de 2009

30 de abril de 2009

Un poquito de maldad

No estoy en absoluto a favor de la destrucción de las obras de arte, pero este simbolismo me puede.
Además, hasta que no acepten que la fotografía de un hombre desmembrado es puro arte, yo no aceptaré que la figura de un torturado lo es.

28 de abril de 2009

Liberación

"Libera tu alma amigo".
Tumbado sobre arena fría noto la sangre
fluir de mi nariz a los labios,
y de ahí al suelo supurante.

Las rápidas pisadas aún se notan,
las señales de caidas y levantamientos:
Allá una rodilla, allá un pie se clavan
en la arena que se levanta con el viento.

"Libera tu alma", vuelve a decirme,
y ahora ya lo entiendo.
Me vuelvo a levantar, quiero resistirme
a la idea de huir de un golpe más.
Demasiado sensato como para hacerlo.

Los músculos se tensan,
noto mi puño en su endurecido pecho.
Dolor, estremecimiento, éxtasis.
La siguiente sensación es en mi estómago.

17 de abril de 2009

Nuestras vidas

El Sol ya no entra en mi ventana,
y creo que ya me da igual.
Ando solo por las calzadas
buscando la más pura soledad.
Escribo canciones tristes y lentas
porque no sé ser feliz.
No creo en el sucidio, no mientras pueda.
Y avanzo yo solo, pero sin mí.
Mi cuerpo actúa a control remoto
gracias a un botón al que hace mucho le dí.
Y al encontrarte en cada esquina
entre llantos sólo una cosa sé decir:
Puta vida...

No fuíste tú la causa de mi amargura,
no te daré ese intenso placer.
Pero sí que arruinaste mi frescura,
mi pasado contigo es más que un ayer.
Pero otra cosa nubla mi voluntad
trayéndome la desesperanza y el dolor.
Y a cada paso que ellos dan,
más me sumerjo en el alcohol.
Un día ví a la muerte en mi habitación,
y ella misma me aseguró,
con voz cansada y aburrida,
que jamás había visto tanta insulsa pasión
como en mi puta vida...

Y es que ando sin motivación,
no creo en nada ni en nadie.
Sólo tengo una preocupación:
Que mis canciones no se acaben.
Pero mi alma seca me impide escribir,
no puedo existir entre tanto hastío.
El asco me terminará por extinguir
y nadie recordará mi brillo...
Porque aquí donde me veís
yo fuí alguien antes que borracho.
Antes de empezar a contar día tras día,
por el alcohol atontado,
toda mi puta vida...

Y no sé si fuí mejor,
no sé si ahora estoy equivocado
y dónde fallé mi elección.
Pero sé que en este mundo caducado
una cosa sobra bajo el Sol.
Y aunque tengáis prisas
pararos a pensar si con razón
no sobráis en vuestra puta vida...

15 de abril de 2009

Pasiones

De la pared colgando una vieja muestra

del amor más profundo que jamás sentí.

Desechado ahora de mi pecho aquella letra

y limpias ya mis preocupaciones esta noche admirable

por una lluvia incapaz de limpiar mi alma gris,

con una preciosa rosa aún fresca

reposando en el fondo de mi copa de plata y jade.


En la más absoluta desnudez corporal

voy descubriendo en mí nuevas facetas, brillos y mates.

Comprendo poco a poco perspectivas de otra libertad:

Quisiera correr ahora, gritar al cielo abierto,

decirle al mundo que no hay en él nada grande,

que nada de lo que me puede ofrecer me importa.

Rechazo ahora, como otras veces, lo eterno.


No creo en el bien, tampoco en el mal.

¿Amor y odio? Expresiones de mi deseo.

Ni persigo ni intuyo alguna verdad.

Pero para hacerme con todo quiero luchar.

He abandonado mis recuerdos,

siento haber liberado mi alma

y preparado para la autodestrucción estoy ya.


Un ángel sonríe con los cabellos mojados,

y yo vuelvo a correr desnudo y con calma.

Siento mis pies pisar profundos charcos

y abro los brazos, y lloro, y grito…

No hay en esta maldita vida nada

capaz de hacerme ya suspirar:

Ni la belleza, ni lo obsceno, ni el puro vicio.


Ningún dios sustenta mis razones,

ni la sola razón es capaz de, con brío,

mantener un paradigma y sus conclusiones.

Imperios y creencias ya cayeron.

¿Cómo tomar al hombre en serio?

Dejad de buscar verdad en el azar,

rendíos ante la nada, ante el sufrimiento.


Buscad en la tristeza la más alta expresión

de gozo que puedan hallar en el mundo entero.

Mira a las estrellas, al infinito, sin terror.

Nada importa, es todo absolutamente indiferente:

La Historia plagada de personas que creyeron

en verdades distintas, ya todas extinguidas.

El Destino alza y destruye culturas indistintamente.


¿Por qué respetar el recuerdo de aquella

que ya te olvidó para siempre?

Eres vacío, no eres nada. Tampoco para ella.

La vida pasa, las vidas pasan sin brillo,

y tú eres uno más en este ciclo de muerte.

Siempre que amas

te entregas al vacío.

10 de abril de 2009

Malicia

Malicia me engañó.
Con ese hombre no sé que esperaba:
¿Una amarga relación?
¿Un verdadero y dramático amor?

Siempre que pensamos
nos equivocamos en lo mismo.
Caemos al abismo, creamos espejismos
mientras morimos de sed.

Déjalo estar, no importa ya.
Ya me apañaré, no es la primera vez
que dejas de lado todo lo pactado.
Sabes que te esperaré.

Esperando un milagro,
esperando un milagro,
esperando en vano un milagro
que no llegará.

Esperando un milagro,
esperando un milagro,
esperando en vano un milagro
que no llegará.

Malicia por una caricia
me hubiera arrodillado.
Con menos abogados
te hubiera entregado todo mi ser.

Déjalo estar, no importa ya.
Ya me apañaré, no es la primera vez
que dejas de lado todo lo pactado.
Sabes que te esperaré.

Esperando un milagro,
esperando un milagro,
esperando en vano un milagro
que no llegará.

"Malicia", Enrique Bunbury (Bizarros)

7 de abril de 2009

Uno menos

Y, aunque te quieran engañar, deberás saber que un año que cumples no es un año ganado, sino otro perdido. Pues, mientras que es tan obvio como innecesario señalar que en si en estos aniversarios uno mira hacia atrás, comprueba que ha vivido un año completo, no podrá jamás mirar hacia adelante y estar seguro de que llegará a la siguiente etapa.

5 de abril de 2009

LXXVII

Dices que tienes corazón, y sólo
lo dices porque sientes sus latidos;
eso no es corazón..., es una máquina
que al compás que se mueve hace ruido.

Bécquer, Rimas.

3 de abril de 2009

Credo

La vista del humano no es capaz

de alcanzar a ver a mi dios.

Nos rodea con su eterno vagar,

y nosotros nos esforzamos por hacer

lo imposible por acercarnos a su majestad

con ritos ya centenarios que no queremos perder,

y los repetimos día tras día con puntualidad.

Si ofendieras su figura alguna vez

no debieras preocuparte por su crueldad.

Continuará su viaje espacial,

sino indiferente, sí sin a nadie castigar.

Su bendita aparición en tu casa

podrás comprobar si le quieres buscar.

Divina gracia en ti vierte

infundiéndote un gozoso calor fraternal.

No se pronuncia, no miente,

sólo deja que te recrees en su bondad.

Incrédulos lo intentaron buscar.

Infieles toman tranquilos café

mientas charlan de algo vulgar:

su inexistencia; ¡qué malicia y falta de fe!

Pero ahí continua, imperturbable,

rociándonos con lluvia, mandándonos calor,

para que lo disfruten de forma invariable

sus enemigos y los que le aman de corazón.

Su bendita aparición en tu casa

podrás comprobar si le quieres buscar.

Divina gracia en ti vierte

infundiéndote un gozoso calor fraternal.

No se pronuncia, no miente,

sólo deja que te recrees en su bondad.

Pero mientras personas niegan su fe,

mantenemos nosotros la esperanza,

cada tarde que nos regala a las tres,

de recuperar lo perdido tras crear el zumo de manzana.

Y mantenemos la más férrea creencia

en nuestra tetera aeroespacial

que nos descubrió el filósofo con sabia ciencia

y que pocos ahora se atreven a negar.

Su bendita aparición en tu casa

podrás comprobar si le quieres buscar.

Divina gracia en ti vierte

infundiéndote un gozoso calor fraternal.

No se pronuncia, no miente,

sólo deja que te recrees en su bondad.

1 de abril de 2009

Breves pensamientos frente a un espejo

¿Para qué retrocedes si no puedes volver atrás? Has visto a bastantes a quienes morir les ha ido bien: han eludido de ese modo grandes miserias. Pero, ¿has visto a alguien a quien le haya ido mal? Es, además, una gran simpleza condenar una cosa que no has experimentado por ti mismo. ¿Por qué te quejas de mí y del destino? ¿Acaso te perjudicamos? ¿Te corresponde a ti gobernarnos o nos corresponde a nosotros gobernarte?
Aunque tu tiempo no esté acabado, tu vida lo está. Un hombre pequeño es un hombre entero igual que uno grande. Ni los hombres ni sus vidas se miden por la longitud. Quirón rehusó la inmortalidad, enterado de sus condiciones por el propio dios del tiempo y de la duración. Imagina verdaderamente hasta qué punto una vida perenne le sería al hombre menos soportable y más penosa que ésta que le he dado. Si no me tuvieras, me maldecirías sin cesar por haberte privado de mi compañía. Le he infundido, a propósito, un poco de amargura para impedir que, viendo la ventaja, me abraces con excesiva avidez e indiscreción.
Para situarte en esa moderación que te pido, la de no huir de la vida en pos de mí ni querer rehuirme, he templado la una y la otra entre la dulzura y la acritud. Vivir o morir es indiferente.
No temas mi visita. No contribuye a tu fin más que cualquiera de los días restantes. El último paso no produce el agotamiento, lo pone de manifiesto.
Piensa que, al igual que el tiempo que hubo antes de tu nacimiento, el que queda detrás de esta conversación no es tuyo.

23 de marzo de 2009

Der Erlkönig

¿Quién cabalga tan tarde
a través del viento y de la noche?
Es un padre con su hijo.
Lleva al pequeño en sus brazos,
lo lleva seguro en su tibio regazo.

“Hijo mío, ¿por qué escondes la cabeza asustado?”
“¿No ves padre al rey de los elfos?
¿Al rey de los elfos con corona y manto?”
“Hijo mío, es el rastro de bruma lo que te asusta tanto.”

El caballo sigue galopando por el árido camino.

“Dulce niño, ¡ven conmigo!
Jugaré a maravillosos juegos contigo;
Hay preciosas flores en la orilla
y mi madre posee prendas de dorado hilo.”

“Mein Vater, mein Vater, ¿No escuchas
lo que el rey de los elfos me promete junto a sus hadas?”
“Calma, mantén la calma hijo mío.
El viento mueve las hojas secas y las arrastra.”

Y el caballero acaricia el pelo del hijo.

“¿No vienes conmigo buen niño?
Mis hijas te recitarán poemas,
ellas, que ahora bailan su danza nocturna,
te arrullarán para que duermas.”

“Mein Vater, mein Vater, ¿No ves acaso ahí
a las hijas del rey de los elfos bailar a la luna?”
“Hijo mío, claro que lo veo:
Son los mismos árboles con los que hice tu cuna.”

El viaje prosigue viéndose ya la ciudad dormida.

“¡Te amo!, me encanta tu hermosa pureza,
y, sino me haces caso, usaré la fuerza.”
“Mein Vater, mein Vater, ¡ahora me toca!
¡El rey de los elfos me hirió con su garra!

El padre tiembla y cabalga más aprisa,
ignora la innecesidad de su ira.
Al llegar a las caballerizas escucha con sorpresa
del niño muerto en sus brazos, en el bosque su risa.

Libre traducción, con añadiduras, del poema “Der Erlkönig”, de Wolgang von Goethe, por Guillermo Loaysa.

17 de marzo de 2009

La fiera herida

Acabas de abandonar la habitación,
en lo que llevo viviendo es la segunda vez.
Y, aunque sé que dentro del horror
que anida en nosotros desde que te conocí,
que no existe un mañana o un ayer, sino un hoy,
te vuelvo a mirar y disfruto del color de tu piel.
Pero en el fondo sé que si todo volviera,
si te volviera a amar,
si nuestros engaños se olvidasen,
interpretaríamos de nuevo el mismo papel:
Yo de eterno confundido, tú de fiera herida.
Y una vez que sanes volverás a volar,
me dejarás de nuevo con mi amargura y mis letras.
¿Qué hace el cazador para no comprender
que sus víctimas están mejor en libertad?
Mejor no sigamos con esto, dejémoslo en un bonito lugar.
Almacenemos nuestros recuerdos donde el polvo los haga brillar.
Me preguntas cuándo acabará,
cuando nos dejaremos de herir.
Pequeña, mientras el hombre sea hombre, esto será así.
Te tendrás que acostumbrar
y comprender que somos juguetes con nombres,
nombres que usamos para ordenar el caos.

Pero ahora miénteme,
hazme creer que servimos para algo.
Dame una pequeña inspiración
permitiéndome sentir que no sólo respiro
sino que además vivo.
Mírame como sino te diera lástima,
como si mi alma no hubiera muerto
tras verte abandonar la habitación la última vez,
en la que lo que acabó no fue mi amor
sino la esperanza que habíamos compartido.
No te lloré como era debido.
La sequedad me invadió y me impidió sentir.
Y sé que nunca te lo he dicho
pero aquella humanidad se fue contigo.
Quise hacer planes para sobrevivir
y sólo podía huir refugiándome en porqués.
Los kilómetros en la carretera perdidos fueron mis únicos amigos.
Algunos cigarros de más, de mi desesperación testigos.
Y aunque no pueda decir que ya brilla el Sol,
que las estrellas cobraron sentido, que tienen esplendor,
que sonrío al recordarte, que he encontrado mi sitio.
Aunque siga estando errante y juegue con el Destino,
puedo defender que tal vez sí fui feliz contigo.

Un encuentro en el corredor

Vi desaparecer el vuelo de su chal, un complemento innecesario más que cubría su bello cuerpo, en el recodo del último escalón. Corrí hacia arriba esperanzado, quizás queriendome convencer de que en esta ocasión iba a culminar su travieso juego con ese ansiado beso.

Llegué arriba con tanta precipitación que, al girar por donde la había visto desaparecer, choqué con ella, quedando fundidos en un tan improvisto como placentero abrazo. Olí su cabello, recorrí su espalda. Tomé uno de sus brazos y, procurando suavidad, la alejé un poco de mí para mirar sus grandes y brillantes ojos. Siempre me había hechizado cómo dejaban transmitir esa traviesa locura.

Quise mirar sus labios, pero concentré toda mi atención en sus ojos. Quería que me besara sin ofrecerle invitación.

Solté su brazo para poderle acariciar el pelo. ¿Realmente le desagrada? ¿Cómo es posible que le fastidie tanto algo que a mí me causa sensaciones tan buenas? Supongo que es porque, a fin de cuentas, y pese a todo suela indicar lo contrario, el Universo no existe sólo para que yo pueda disfrutarlo.

Sus ojos se encendieron aún más. Ideas traviesas cruzaron su mente de una forma descarada. Yo me mantuve expectante.

Te toca a ti tomar la iniciativa.

De pronto, si apenas percibirlo, unos pequeños labios rozaron los míos.

Cuando logré ser consciente, nuestras lenguas se cruzaban, nuestras bocas eran mordidas recíprocamente. Tus ojos se encontraban con los míos mostrándome tu tortura y mi condena.

15 de marzo de 2009

Las malas compañías de la infancia

"Ese es mi vicio, me gusta provocar, adoro ese suplicio. ¿Qué quieres que haga? ¿Buscarme un protector? ¿Un amo tal vez? ¿Y como hiedra oscura que sube la pared medrando sin lira y con adulación? ¿Cambiar de camisa para obtener posición? ¡No, gracias! ¿Dedicar, si viene al caso, versos a los banqueros? ¿Convertirme en payaso? ¿Adular con vileza los cuernos de un cabestro por temor a que me lance un gesto siniestro? ¡No, gracias! ¿Desayunar cada día un sapo? ¿Tener el vientre panzón? ¿Un papo que me llegue a las rodillas con dolencias pestilentes de tanto hacer reverencias? ¡No, gracias! ¿Adular el talento de los canelos? ¿Vivir atemorizado por infames libelos y repetir sin tregua: ¡Señores, soy un loro, quiero ver mi nombre escrito en letras de oro!? ¡No, gracias! ¿Sentir terror a los anatemas? ¿Preferir las calumnias a los poemas? ¿Coleccionar medallas? ¿Urdir falacias? ¡No, gracias! ¡No, gracias! ¡No, gracias!... Pero cantar, soñar, reír, vivir, estar solo, ser libre, tener el ojo avizor, la voz que vibre, ponerme por sombrero el universo por un sí o por un no, batirme o hacer un verso; despreciar con valor la gloria y la fortuna, viajar con la imaginación a la luna, no pagar jamás por favores pretéritos, renunciar para siempre a cadenas y protocolo; posiblemente no volar muy alto, pero solo."


Cyrano de Bergerac (1990), dirigida por Jean-Paul Rappeneau.

11 de marzo de 2009

DESTRUCCIÓN

Yo soy gilipollas. Eso es algo que pocas personas -entre todas las que existen en el mundo podrían contarse con una mano- saben.

Asesina, mutila, haz sufrir. Roba, miente, haz daño. Prende fuego a todo lo que se cruce, haz llorar a aquel niño que sonríe inocente. Acaba con la asquerosa vida de ese anciano que poco más puede hacer para la Humanidad. Maquina y controla otra vidas con el único afán se sentirte poderoso.
Sé humano.

Y siempre habrá alguien dispuesto a aplaudirte, a amarte. Algún corazón estará dispuesto a ser tuyo incondicionalmente.

Ahora, ama, date a los demás, ofrece aquello que mejor se te da de forma altruista. Instrúyete e instruye. Sé paciente, calmado. Que tu sangre fluya rauda, así como tus pensamientos y palabras, en la buena acción.
Sé ideal.

Y siempre habrá alguien dispuesto a hacer de tu vida un auténtico Infierno.

Jamás tendría que haber subido a este tren de caos.

10 de marzo de 2009

Un diálogo

Ella jugaba con su cabello haciéndose la interesante. Quería hacer mostrar a su interlocutor que estaba pensando lo que le había dicho. Realmente, tan sólo pensaba en la impresión que pudiera estar dándole.

Se levantó y empezó a juguetear con unos lápices que había sobre la mesa. Se sentía completamente cómoda, casi podía decir que dominaba la situación. Pero no quería bajar la guardia, ya que sentado plácidamente al otro lado de la estancia estaba el mismísimo Satanás, en carne y hueso, mostrando una sonrisa que apenas dejaba entrever si era por lo dicho anteriormente o por algún cruel comentario que se había ahorrado decir. Teniendo en cuenta quién era, realmente cabría pensar cualquier cosa.

Finalmente ella se cansó de disimular y, por primera vez en toda la entrevista, decidió contestar directamente.

–Sí, tengo miedo–.

–Lo sabía. Sólo necesitaba que lo reconocieras –él seguía con su eterna sonrisa. ¡Cómo le gustaría saber de qué se reía!–.

–¿Y bien? ¿Qué sacamos de esto? –sentía cómo la seguridad que antes tan bien había disimulado, hasta el punto de llegárselo a creer, caía bajo el peso de la evidencia. –No paramos de dar vueltas en círculos–.

–Efectivamente. Siempre volvemos al mismo punto, porque siempre me haces volver a él. Extraño es que no me haya cansado ya de girar siempre sobre el mismo punto. Pero no quieres salir de tu espiral, y me temo que de ese agujero sólo podrás salir tú.

Ahora que has reconocido tu error, ya hemos dado cierto paso, pero no quiero que se convierta en un alejamiento más del centro sobre el que seguir girando. Tu espiralismo vital casi aburre–.

–Eres duro–.

–Pese a todo lo que se ha dicho de mí a lo largo de la Historia, soy sincero. Lo que pasa es que el ser humano apenas está preparado para escuchar la verdad, y más si es la verdad de su vida. Tal vez por eso yo soy el malo–.

–¡Já! ¿Y ahora dirás que no nos la jugaste al hacer que nos expulsaran del Paraíso?–.

–Querida, me temo que os ha llegado una versión muy distorsionada del paraíso. Algún que otro pensador ha podido acercarse en sus elucubraciones, pero no es ni de lejos ninguno de los que puedes estar pensado. Yo sólo te diré que prometí que seríais como dioses tras vuestra desobediencia, y en eso os convertisteis.

Y ahora tengo delante de mí a una persona que rechaza usar la principal característica que ganasteis al huir de ese supuesto paraíso –infantilismo de la conciencia diría yo–, y que es la capacidad de pensar por uno mismo, de elegir entre el bien y el mal, de levantar sus principios en beneficio de la Humanidad y, en definitiva, de vivir libre haciendo lo correcto. Al fin y al cabo, no hay otra forma de ser libre–.

–Se supone que tú eres Satanás. No representas bien tu papel–.

–Y tú una hija de Dios. Él tampoco cumple su rol paterno–. Soltó una carcajada tras su pequeña audacia.

–Entonces si tú eres el Tentador, y me aconsejas que me aleje de lo que llamaremos simplemente “mi problema”. ¿Qué se supone qué es mi problema? Porque si ahora digo el mismísimo Demonio me quedo corta–.

–Siempre adoré de las mujeres como tú esa mirada inteligente. También me gusta que te rías de “tu problema”–. Hizo especial énfasis, dejándole ver que no quería nombrar a la persona en cuestión–. Y, la verdad, quisiera que desterraras de tu vida esa concepción de mí. Pese a todo lo que puedas pensar, creo que entre los dos bandos que se han erigido, yo soy el bueno. Si es que tal cosa existe… De cualquier modo, “tu problema” es peligroso. Te roba aquello por lo que todo el mundo lucha: La identidad–.

–¿Y qué he de hacer?–.

–Querida, tú misma lo has dicho. Tienes miedo. Sólo te queda vencer prejuicios, miedo al mañana y, como tu madre, coger la manzana y…

3 de marzo de 2009

Seco. Creo que esa es la palabra correcta, así que me limitaré a dejarme llevar por el murmullo del teclado, sin apenas pararme a leer lo que voy dejando que mis manos escriban, sin detenerme acaso en un pequeño giro, en una magnificiencia estética. Simplemente me voy a dejar llevar por el monstruo, esperando que pueda decirme algo. Murmuradores patéticos, asomáos a mi alma.

Las oscuras noches de lluvia suelen gustar más en soledad. Ahora podría lamentarme, podría dejar brotar mi autocompasión, pero me estaría engañando. Las cosas no suelen salir como uno quiere, por muy preparado que esté, por muchas esperanzas que se tengan. Sueños, ganas y esperanza no es algo que el destino tenga en cuenta al mover sus hilos. Y todo esto ya lo sé, y aunque una parte de mí quisiera desecharlo y negarlo de forma absurda, no voy a revelarme contra un poder que me supera tanto como me fascina. Tal vez me limite, únicamente, a atrapar la ocasión, hacer mio este momento y, de alguna forma, ocultarme mientras tanto en las sombras a esperar que crezca el trigo sembrado.

Seguir el buen camino raras veces te lleva al lugar correcto.

Bonito brote de genialidad. Tal vez el humor negro esté invadiendo el campo yermo. De cualquier modo, no creo que ese juego de palabras se quede en el vacío. Puedes ser bueno, puedes procurar hacer lo mejor (si es que tal cosa existe), pero dudo que te lleve a un lugar deseable. ¿Me hará esto cambiar? En absoluto, era una simple observación.

¿Ves? No era tan difícil. Sólo debías coger la guitarra y dejar los acordes sonar. Ellos te irán transportando, sin apenas percibirlo, a ese pequeño refugio que has ido construyendo en tu psique. No le pongas letra, olvídate ahora de eso, sólo déjate llevar. Permítete huir un momento, el mundo seguirá girando sin tí. Además, no tienes nada mejor que hacer.

Ya te has abandonado. La nicotina fluye por tu sangre. Alimenta ahora tus deseos más oscuros dentro de tu pequeña cabaña. Sí. Comete algún error, arrepiéntete. Al menos te hará sentirte vivo.

"Vivir la vida en tu cabeza". !Qué hondo llegó aquello! Una sentencia azarosa, surgida entre tus pensamientos a saber de dónde. ¿Vives la vida en tu cabeza? ¿Lo hago? Buena cosa a estudiar en otros momentos. Ahora no quiero pararme a pensar.

¿Es inhumano sentirme como ahora me siento? Supongo que debería estar reconcomiéndome, consumiéndome poco a poco, autodestruyéndome. Al fin y al cabo he sido víctima del cruel juego del Destino. ¿Por qué te ries entonces? ¿Acaso pillas la fina ironía con la que éste se rie de nosotros? ¿Acaso perdiste la razón por completo? Recuperación demasiado temprana. Hasta a los más escépticos sorprendes.

Al menos me he parado a escribir, aunque sea inconéxamente. Poco importa. Agradécele a tu jovencita Satanás que te tentara a abrirte al mundo, ya sea para reirte de él, ya para despreciarlo aún más.

19 de febrero de 2009

Ocho y medio


Miro al techo que ha vuelto a gotear

Hacía tiempo que no llovía así
Y cada gota golpeando contra los cacharros de metal
Me hace pensar unas veces en sangre y otras veces en ti
Lo que en realidad viene a ser lo mismo
Lo que por crueldad ahora viene a dar igual
O puede ser un ángel que una vez perdió la fe y fue expulsado
Y que ha venido a agonizar justo encima de mi hogar
Y estas gotas sean sus lágrimas
O puede que sea hora de entrar ya en razón
Y llegar a comprender que dentro de este horror
No hay literatura, no
Y eso tú lo sabes bien a fuerza de caer una y otra vez
En una trampa mortal que en el tiempo dura ya ocho años y medio
Seré muy breve: te quiero y esto duele

Y vino un pájaro a posarse en mi ventana
Tenía una ala rota y su plumaje era gris y azul
Y al acercar mi mano y comprobar que no echaba a volar
Supe de inmediato que lo enviabas tú
Lo tomé entre mis garras y lo dejé morir
Y, cuando lo hizo, aún llovía aquí
Y la sangre al gotear entre garras de animal presagió mi suerte
Como un ave que voló de Madrid hacia Gijón aún herida de muerte
Reescribendo la espiral de prometer hacerlo bien,
De cometer un nuevo error,
De no saber pedir perdon o pedirlo demasiadas veces
Y aunque ahora escupo una oración helado de terror
Ningún dios responde aún
¿Soy yo el que no ve o es que todavía no se hizo la luz?
Seré muy breve: te extraño y esto duele

Trato de encontrar una salida
Pero no recuerdo ni por dónde hemos entrado aquí
Y contemplo junto a mí el cadaver del que fui,
Según tú, en una ocasión
Y es la mancha de humedad la de la herida mortal
Impregnada en el colchón
Y ahora que te oigo llorar
En lugar de ir hacia a ti me vuelvo a anestesiar
Y me limito a subir el volumen del televisor
O me concentro en recordar para no pensar en ti
Que tendría que llamar que alguien venga a reparar
La gotera de una puta vez
Que ya cansé de recoger litros de agua gris
Gris como un metal que un día relució y que ahora es suciedad
¿Cómo se hace para amar lo que quise despreciar ya una y mil veces?
Seré muy breve: te he perdido y esto duele.

Ocho y medio (Nacho Vegas)

28 de enero de 2009

Apuntes de heroinómano


Dejé caer la jeringuilla, preguntándome acaso si realmente merecía la pena esta dosis. Puro vicio, tal vez, asqueroso y perfectamente abominable… Si nunca lo has probado.

Nunca pensé que llegaría a esto. Hace años, cuando era un joven triunfador, siempre que me cruzaba con algún vagamundos me horrorizaba de cómo un ser humano puede llegar a degradarse hasta ese punto, pero luego los años van pasando y colocando a los más estúpidos en lo más alto y a los bondadosos en el Infierno, por lo que uno termina optando por el Limbo.

Ahora me río de aquellos momentos en los que reservaba un cigarrillo para ese momento especial, como si ese momento existiera. Somos tan volubles que hasta las cosas que realmente nos importan dejarán de hacerlo al cabo, algunas veces, de tan sólo unos días, y dichos momentos especiales se desdibujan en simples actos pasados de rutina.

No critico a la sociedad, ella no tiene la culpa. Supongo que a un ser inconsciente no se le puede culpar más que de su miedo a ver lo que realmente tiene en derredor. Y aunque fuera así, tampoco podría achacar mi fracaso en la vida –curioso, digo fracaso como si existiera alguna forma de triunfar-, ya que me considero único responsable de mis actos. Cierto que puedo estar condicionado, cierto es que toda la información percibida está sesgada por aquello mismo que percibo y por mí mismo. Pero, aún y así, dentro de mis límites naturales y sociales, siempre he sido más o menos consciente de lo que acarreaban mis actos voluntarios. Cuando me metí el primer chute de heroína lo disfruté más que ningún otro, pues en ese momento de éxtasis dilucidé como jamás he hecho que ahí comenzaba mi total derrumbe.

Algunos dicen que al optar por las drogas, uno elige no elegir, y así cosas parecidas. Hay una película muy ilustradora, pero en ella tan sólo pueden verse reflejados idiotas con ideales confusos. Ningún verdadero yonki vería en esos jóvenes escoceses una representación de sí mismo.

No. Cuando yo opté por las drogas, lo que realmente hice fue elegir el camino difícil, el que muy probablemente lleva a la perdición del alma, el que apenas posee marcha atrás. Y esto es porque si hay algo que realmente fascine al ser humano es no tener salvación. ¡Es tan torturadamente delicioso!

Quise un mundo sin sueños, sin poetas que vienen del pasado para llevarte a los Cielos junto a tu amor. Incluso un mundo en el que la joven y libertina Justina era partida por un rayo con toda la ironía del escritor que la creó desee rechazarlo.

No creo que lo haya conseguido. Intentando huir de todo aquello me he convertido yo mismo en un personaje de ficción. Un perfecto ejemplo a seguir por todos aquellos que pondrían una mueca al verme por la calle, una tortura que desearía a todos esos gilipollas que, pañuelo palestino al cuello, hablan de nosotros y nos alaban sin tener ni idea de lo que dicen.

No quise arrojar de mí el mundo, quise hacerlo mío. ¿Fallé? Estoy convencido. Pero supongo que yo sí podré morir tranquilo pensando que en esta vida sin sentido, yo estuve a punto de encontrarle uno. ¿Cuál? Secreto de tumba.