15 de junio de 2010

Verdad se escribe con minúscula


Cuando en 2013 la tormenta solar que se esperaba para el año anterior terminó ocurriendo, dejando a la Humanidad a oscuras en su planeta, todos los gobiernos internacionales se aunaron en la tarea de devolver la perdida tecnología a la vida cotidiana. Perezosos como habían sido para prepararse ante una amenaza que ya había sido avisada por los astrofísicos más reconocidos, volvieron a hacerlo mal a la hora de establecer prioridades en el dispositivo que se estableció a nivel mundial. Las sociedades no necesitaban de nuevo la electricidad, sino un orden que reemplazara el caos reinante.

Más tarde o más temprano este orden debía de llegar, pensaban los máximos dirigentes mientras dejaban a sus países en el abandono y aprovechaban para subvencionar investigaciones privadas con dinero público. No estaban faltos de razón, el orden debía de llegar y llegó por mano de aquellos que jamás habían necesitado de la ciencia ni de ningún tipo de conocimiento para subsistir. El orden llegó a través de la irracionalidad: la Iglesia se aprovechó de todos mientras unos pocos satisfacían sus intereses personales. La guerra que ocasionaron para hacerse con el control mundial tardó menos de lo que se esperaba en los países occidentales, aunque nunca terminó de luchar en Oriente Medio, como cabía pensar. Pese a todo, podría decirse que para el año 2025 el Papa de Roma ya sostenía sobre su palma el destino del mundo.

Como era de esperar por parte de J. Ratzinger –ya conocido desde su elección en abril de 2005 como “el Inquisidor”- hizo fama de su sobrenombre y comenzó con una búsqueda y captura de todos los catedráticos de universidades que sospecharan sobre su fe, estableció un Departamento Internacional de Vigilancia por la Salud del Catolicismo, los ateos comenzaron a desaparecer de sus propias casas y, por supuesto, se prohibió toda investigación no autorizada previamente, entre ellas la tentativa de recuperar la electricidad, pues oficialmente se había hecho saber que “la llamada tormenta eléctrica solar por los enemigos de la fe realmente fue la voluntad de Dios que, herido por la soberbia del hombre, decidió castigarnos para que no nos olvidáramos de sus designios, transferidos fiel y humildemente por su Iglesia a través de su vicario en la Tierra, el Papa”. Los que se atrevieron a bromear preguntando que en qué había estado ese dios distraído todo este tiempo para tardar tanto en quitarnos la electricidad no se extrañaron cuando, pocos días más tarde, se despertaron amordazados en las clínicas del D.I.S.C y con un sacerdote jugando a ser médico con sus órganos.

A la manera en que el líder mundial aprendió mientras luchaba a favor del régimen Nazi, se establecieron toques de queda, se levantaron campos de exterminio, se prohibieron las reuniones de más de seis personas sin haber sido aprobadas antes por las distintas diócesis, se experimentó con homosexuales para “devolverlos al buen camino”, se fomentó la delación, se suprimió todo atisbo de justicia imparcial, etc.
Fueron dos décadas oscuras para el mundo hasta que en enero del 2047 Benedicto XVI, a punto de cumplir 120 años, fallece a causa de un tumor cerebral. Es tras esto cuando el colectivo ateo “Salvémonos de dios”, que ha sabido mantenerse activamente en la sombra, empieza a hacerse más fuerte.

En junio de ese mismo año aún no han elegido a un sucesor y las peleas por el poder llegan a causar guerras entre los distintos cardenales. Mientras, Oriente Medio ha aprovechado la ocasión para lanzar una ofensiva, recuperando la vieja Israel durante unos días hasta que, finalmente, termina volada en pedazos. Cada bando culpa al otro y la guerra se recrudece.

Tarde eligieron los de Roma al que iba a encabezar el poder eclesiástico. En ese tiempo los mahometanos ya han logrado entrar en Europa y, mientras la Iglesia recompone su ejército, estos realizan carnicerías por el este.

Simultáneamente, el grupo “Salvémonos de dios” –aprovechando que toda la atención del gobierno mundial está puesta en la guerra- reaviva la confianza entre la población de volver a un estado de derecho. Lo más jóvenes apenas recuerdan lo que es eso, pero empiezan a luchar por ello con ahínco. En enero de 2048, un año después de la muerte del Inquisidor, se retoman las investigaciones por parte del movimiento ateo para devolver la electricidad al planeta tierra, y no son terminadas hasta ocho años después, estando los dos bandos en guerra tan empobrecidos que apenas pueden continuar. Aprovechando esta debilidad, el grupo ateo lanza su ofensiva con su redescubierta tecnología mientras reparten publicidad a nivel mundial sobre los derechos humanos y la necesidad de abolir cualquier tipo de religión.

La guerra continúa aún a día de hoy. Los grupos pro derechos humanos avanzan, pero el poder de la irracionalidad es aún demasiado fuerte. La Iglesia Católica y los distintos emiratos se han unido, pues comprueban que lo que ahora está en juego es toda su estafa histórica y que ambos, pierda quien pierda, van a ser juzgados por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, y no sólo por los últimos cuarenta años.

Aún no sabemos cómo va a terminar todo esto, pero confío en la razón.

5 comentarios:

Elvira, el Cisne Negro dijo...

Si eso ocurriera, confiarías mal en la razón. Está visto que la fe, al ser irracional e ilógica, siempre prevalecerá sobre la razón, porque le da igual cuántas evidencias le muestres. Así va el mundo, lleno de estúpidos religiosos que nos impiden avanzar al resto. Lo malo siempre abunda.

Bambú dijo...

Parece el argumento de un libro... me encanta

Guillermo Loaysa dijo...

Como ya le he dicho en su blog, y ahora le repito aquí, sea usted bienvenida Bambú (y tenga cuidado con los osos pandas de un tal Kiüs).

No sé si es o parece un argumento de un libro, intentaba ser un microrelato.

Y Elvira... Déjame soñar, aunque solo sea cuando escribo.

Elvira, el Cisne Negro dijo...

Si ya sueñas demasiado con cosas que no tienes que soñar... ¿ves? si soñaras estas cosas por la noche no pasaría nada. Friki.

Bambú dijo...

Osos panda? Qué miedo. =s
Yo este microrrelato lo ampliaría anovela, fíjate. =P