11 de junio de 2010

El vagabundo

Ya te dije cuando llegué que era un vagabundo
y ya que no escuchaste nada de lo que dije
-ya que tanto te importaron mis sonrisas-,
al menos podrías haber prestado atención a mi forma de ser.

No maldije más de lo necesario, no viví deprisa,
no viaje nunca más lejos de lo que debiera llegar.

Cumpli veinte años y me lancé hacia el Infierno,
nunca pensé realmente regresar.
¿Para qué? Me pregunto,
no tengo familia, nada dejé atrás.

El tabaco es mi único vicio,
deme alguna monedilla para aguantar.

Soy un vagabundo, ya te avisé al llegar.
Si no lo escuchaste -si lo obviaste- lo lamento
pero tarde o temprano me tendré que marchar
(y tendrá que ser ahora).

Mis botas están destrozadas, mis pies desgarrados.
Déjeme dormir algún rato entre las rosas de su jardín.

No me gustan las familias calculadoras
que pretenden definir un destino al recién nacido;
Mis padres pensaron un gran futuro para mí
¿Acaso tanto pensar les evitó la muerte?

No. Me quedaré aquí poco tiempo
pero no me obligues a continuar.

Tú no estás hecha para grandes aventuras,
déjame continuar a mí solo.
Llegó un momento en que me vi llorando por estar solo
pero me descubrí incapaz de estar junto a tí.

Tal vez se cruzen de nuevo nuestro caminos,
voy al Norte, pero sé que siempre estarás aquí.


A L.C

2 comentarios:

Dafne dijo...

Revisa detenidamente las tildes... Algunas sobran y otras faltan. ("tí", "viaje" en vez de lo que parece un "viajé"...

;)

Un beso.

Elvira, el Cisne Negro dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.