3 de agosto de 2010

Creencias infantiles


Cuando era pequeña creía firmemente en la existencia de los gnomos de jardín. Pero no esas entrañables figuritas de cerámica que decoran algunos jardines. No. Para mí esos eran simples representaciones caricaturescas de los verdaderos gnomos de jardín. Imagino que mi creencia en dios me servía como comodín para pensar que, si ese misterioso ser tenía, en efecto, existencia, otras tantas criaturas también podían hacerlo. Eso sí, si me hubieran preguntado acerca de dragones, elfos, unicornios y ogros me hubiera reído de lo lindo con toda mi inocencia infantil al pensar que alguien pudiera creer en semejantes tonterías. Es más, una vez me peleé con un compañero de clase, tenía entonces unos seis años, porque él defendía la existencia de un ogro. Es más, me aseguraba que él lo había visto. Me peleé con él no porque no creyera lo mismo que yo, sino porque su insistencia acerca de que realmente existía me hacía pensar que él creía, aún más firmemente que en su ogro incluso, que yo era tonta. En cambio, mi mejor amiga, Paula S., pensaba que las hadas eran reales y yo siempre la respeté.

Hoy ya he superado todas esas tonterías acerca de dioses, hadas, gnomos y ogros. Pienso que para una mente infantil es bueno pensar en esas cosas, expanden la imaginación. En cambio, me parece un poco peligroso –patológico incluso- que una persona adulta crea aún en tales tonterías. Simplemente es irracional.

Yo ya no creo en la existencia de gnomos y, de la misma manera que los adultos se reían de mi credulidad, hoy día se escandalizarían si aún siguiera creyendo en eso. No entiendo en qué momento del razonamiento dios quedó excluido. ¿Será por las pruebas aportadas que demuestran su existencia? No hay ninguna que no sean malabarismos lingüísticos o falacias filosóficas. También es cierto que no hay ninguna prueba concluyente de su no-existencia, pero… ¿Quién se va a molestar en probar la no-existencia de los gnomos de jardín? Si fuera yo la que cree en ellos, debería ser yo la que probara al mundo que es cierto y que no estoy enferma. La única diferencia sería que, mientras yo al creer en los gnomos de jardín estoy sola, los que creen en dios disfrutan de una cómoda y bien manipulada histeria colectiva.

Y si a veces aún me molesto y revuelvo contra tales estupideces es porque, de alguna manera, me recuerdan a aquel niño que estaba empeñado en haber visto a aquel ogro en el que yo no creía y de tanto intentar convencerme me sentía insultada.

4 comentarios:

Chloe dijo...

jajaja
bonita entrada.
una vez lei (no me acuerdo ahora mismo donde) la frase: "dios es para lo debiles". y estoy completamente de acuerdo con ella.

Guillermo Loaysa dijo...

Más que para los débiles, yo diría que es para los perezosos.

Ser Filosofista dijo...

Me gusta cómo escribes :)

Y en esta publicación, comparto tu opinión.

Ciao.

Chloe dijo...

no soy conductista (por lo menos de momento), pero en clase han sido bastante tajantes acerca del sueño y los ensueños.
yo discrepo humildemente con que carezcan de significado, pero los expertos opinan lo contrario... (falacia de autoridad, lo se jajaj) aparte, no esta del todo claro, ya que este tema, hasta hace relativamente poco, no estaba explorado. asi que aun quedan mcuhas cosas por descubrir y aclarar.

y sobre el guardian entre el centeno: a mi tambien me gusto la manera de narrar la historia mas que nada, pero he de admitir que lo lei por primera vez (hace ya unos años) por todo el jaleo armado a su alrededor.

un saludo (no sabia donde contestar)