25 de julio de 2010

Modelo de fotografía


Cierro la puerta dando un portazo. Estoy furioso y poco me importa que ya no haya nadie en la casa para escucharlo. Tiro el lo que tengo en las manos encima del sofá y me siento en la silla más cercana de la salita de estar y me quedo allí rabiando, con la cabeza entre las manos y los ojos clavados en el suelo. ¡Joder! No lo entiendo. Años y años dedicándome a la fotografía para que ahora mi mujer, con la que llevo casado casi diez años, me diga que va a ir a hacerse un libro fotográfico con otro. Que yo soy muy clásico -¡muy clásico!- y no es lo que busca. ¿Cómo voy a ser clásico? Tengo treinta años, le digo, no me ha dado tiempo de volverme clásico. Ella me dice que la edad no importa y yo sé entonces que ha dejado de quererme. Aún y así peleo. Antes le gustaba mi fotografía y se lo recuerdo. Me responde que le sigue gustando, me endulza la píldora alegando que le encanta, que me considera un gran fotógrafo y que todos esos premios no son por nada, pero que no es lo que ella busca ahora mismo. ¿No la he captado bien? ¿No se gusta en mis fotos? Dice que sí, pero que ahora busca otra cosa, algo un poco más atrevido. Me engaña, estoy convencido. ¿Más atrevido? ¡Joder! Le explico que eso es una gilipollez, que una fotografía es una fotografía, la fotografiada es la modelo y los fotógrafos unos cerdos. Nada. Me replica que no va a desnudarse, que si es eso lo que me preocupa. Le contesto que no, que lo que me preocupa es que la desnuden y ella se enfada. ¿Qué buscas en la fotografía? Lo estúpido de su respuesta me abruma. Me suelta que a ella misma, pero a otra yo que aún no conoce. Me exaspero y le digo que eso es una tontería, que la supuesta verdad en el arte la pone el espectador, que si ella quiere encontrarse de otra manera lo puede hacer igual en una fotografía antigua que en una nueva. No varía otra cosa más que la disposición del sujeto que observa. Nada. Sigue en sus trece y, más papista que el Papa, me dice que entonces yo no he comprendido la fotografía. Todo comienza a ser muy confuso y recapitulo para saber cómo hemos llegado al punto en el que ella me habla sobre lo que es la fotografía. Además, continúa ella, te repito que lo único que quiero es que otro me fotografíe, nada más. No te lo tomes tan a pecho, tú me podrás fotografiar siempre, lo único que quiero es verme a través de los ojos de otra persona. Mi sorna acerca de que le arrancara los ojos al fotógrafo que fuera no parece hacerle mucha gracia.

Me engaña, sé que me engaña. O más bien me engañaba. La discusión continúa, ella comienza a llorarme diciendo que estoy sacando las cosas de quicio, que no es tan importante pero que no piensa ceder porque está cansada de que siempre se haga lo que yo digo. Ahora me sale con esas. No escucho sus llantos, no me hace falta. Esa cantinela me la sé desde hace años y lo considero chantaje emocional. Me dice que si no comprendo esto es porque soy un burro y eso me duele. De pronto noto cómo mi puño, sin saber muy bien cómo, impacta en su cara. Algo dentro de mí me dice que acabo de hacer algo horrible, pero continúo y continúo. Tiene un no sé qué especial lo que estoy haciendo y no tengo ganas de parar. En cierto momento consigue zafarse y corre en dirección a la puerta principal con la cara destrozada y logra salir a la calle. Yo corro detrás de ella deteniéndome unos segundos en la cocina. Lo voy a hacer, hace tiempo que quería hacerlo y ya había empezado. Se había vuelto muy rebelde, se había olvidado de que era mía. La alcanzo en mitad de la calle, algunos coches pasan a un lado y a otro de nosotros. Agarro su pelo y miro su boca, antes preciosa y ahora algo desdentada. Le hundo el cuchillo de cortar el pan en la garganta. Ya no es mi modelo. La suelto y veo cómo se lleva las manos a la herida mientras la sangre gorgotea de una forma imposible. Me parece un espectáculo patético, me doy la vuelta y vuelvo a casa furioso. Me engañaba, seguro que me engañaba.

***

Sigo cerca de una hora sentado en la silla cuando suenan las sirenas. Han tardado bastante. No hago por huir, no he cometido ningún crimen. Era mía, yo la había captado en mi cámara y ella era para mí. A nadie se le encarcela por romper sus cosas.

4 comentarios:

Elvira, el Cisne Negro dijo...

¡Hala! ¡Hala! Qué bestia... Pues yo también seré modelo y te chinchas :P

Cuando no sepas cómo terminar una historia, recurre a la violencia. Eso siempre funciona xD.

Guillermo Loaysa dijo...

El final ya estaba previsto :P

Tenía ganas de violencia esta mañana. De paso denuncio un poco a esos locos h.d.p, celosos, acomplejados y distorsionadores de la realidad.

Miquel dijo...

- Es que lo engañaba

En fin, lo que hay que oír...

Elvira, el Cisne Negro dijo...

Espero que mañana escribas algo bonito ;)