15 de abril de 2010

... y comieron codornices

Érase una vez, no hace mucho tiempo, una pareja de jóvenes amantes que vivía en una modesta casita, herencia del padre de él, a las afueras de un pequeño pero hermoso pueblo. Él era leñador, ella criaba codornices.

Por su profesión debía el leñador levantarse cada día muy temprano para aprovechar el fresco y luz que la mañana ofrecía, pues ya pasado el mediodía no era nada aconsejable trabajar bajo el fortísimo calor. Pero antes de salir tenía que recoger la casa. Como si de una maldición se tratara debía ordenar todos y cada uno de los objetos que en la casita había, desde el costurero hasta el armario que les servía de alacena en la cocina, así como todos los objetos que guardaba en su interior. Estaba todo, absolutamente todo, fuera de sitio. Además, debía hacerlo con mucho cuidado para no despertar a su amada, que dormía siempre profundamente hasta bien avanzada la mañana.

Un buen día vio el leñador  que ya no soportaba más la situación y, cuando llegó a la hora de comer a casa, miró a su esposa y le dijo que tenían que hablar, a lo cual ella contestó que estaba de acuerdo.

-Cariño, ya no lo soporto más- le dijo el pobre hombre con mucha tristeza.

-Estoy contigo. Yo tampoco aguanto más- le contestó ella.

El marido, extrañado, no entendía qué falta había podido cometer él, que siempre había cuidado a su mujer con todo el amor del que había sido capaz, como para que le dijera aquello.

-Pues verás- le contestó la granjera­- cada día, cuando despierto, me encuentro con que tú no estás porque has tenido que ir a trabajar, pero también cada mañana cuando me levanto compruebo que has vuelto a ordenar la casa y yo debo, cuando te acuestas después de cenar, volver a desordenarla minuciosamente y en silencio para no despertarte. Así que deberías ir buscando una solución a tu problema porque no lo soporto más.

2 comentarios:

Elvira, el Cisne Negro dijo...

Jajajajajajaja.

El cuento más divertido que he leído hasta ahora. Cualquier parecido con la realidad es casualidad, ¿no?

Mirthas dijo...

Bah, el más divertido tampoco. O eso o has leído pocos cuentos divertidos (prueba con los Cuentos sin pluma de Woody Allen).

Y sí, por supuesto. ¿Alguna vez has conocido a una parejita donde la chica críe codornices y el chico sea leñador? Porque yo no, y soy el que ha escrito esto.