13 de abril de 2010

Despropósitos literarios

Vladimir era un chico curioso, pero no curioso como podría considerarse a su amigo Sigmund, que no paraba de hacer preguntas y más preguntas. No. Vladirmir era un chico curioso porque buscaba él mismo las respuestas a las preguntas que se hacía.

De este modo fue como comenzó a interesarse por la naturaleza, sintiendo especial fascinación por las mariposas. Solía salir con su amigo John Griffith y todos sus perros al campo para pasar las tardes y, mientras John simulaba ser un pirata, él creaba problemas de ajedrez mientras los perros jugaban libremente.

Un buen día conocieron a un chico que vivía cerca de donde solían jugar, su nombre era Mark Clemens. Vivía en una cabaña al lado del río que pasaba por allí, y les enseñó la canoa que utilizaba para pescar. Al poco llegó un compañero de Clemens, Stend Beyle, que vestía completamente de rojo y negro. Este chico quedó huérfano a la corta edad de siete años y terminó viviendo con Mark Clemens por uno de esos azares de la vida: Mark vagabundeaba por la ciudad y se encontró con Beyle, que pretendía resolver unos sudokus de un periódico que había sido abandonado en una cafetería. Clemens, bromeando, se acercó y le dijo "ahí va un cuatro". Cuando Beyle lo comprobó resultó ser cierto y, creyendo que Mark podría ser un buen profesor en matemáticas, se unió a él abandonando a su aburrido padre y a su queridísimo abuelo.

Una vez los cuatro amigos terminaron de narrarse sus distintas historias vieron que se hacía tarde, especialmente para Vladimir y Griffith que aún vivían con sus padres, así que decidieron que se verían más tranquilamente otro día.

De camino a casa Vladimir, que llevaba pensando salir de su hogar porque temía lo autoritario que su padre se estaba volviendo, habló con Jack Griffith sobre sus planes. Él le contestó que si pensaba marcharse lo mejor era que se llevara a uno de sus perros, por lo que le regaló uno de los mejores que tenía y al que llamaba Blanco.

Vladimir y Blanco siguieron su camino tras despedirse de su compañero e iniciaron un viaje sin regreso que nunca olvidarían. Pero eso es ya otra historia...

2 comentarios:

Elvira, el Cisne Negro dijo...

Y para terminar, Michael Ende...

Ocasiones dijo...

Pues quiero saber la otra historia tb