14 de noviembre de 2008

Cigarros consumidos

El día de ayer no ha sido más que el reflejo de mi sueño. Todo a mi alrededor está nublado, y apenas atino a distinguir los matices de ese estúpido cuadro que cuelga en mi habitación. Pero, ¿a quién le importan los matices? ¡No puedo ni tenerme en pie! La bruma va disipándose, dejando pasar un dolor lacerante que me consume. Caigo al abismo de la desesperación mientras las plumas vienen para recogerme. ¿Caigo yo en ellas o realmente son ellas las que vienen hacia mí?

Siento mis pies desnudos sobre el suelo. El resto de mi cuerpo yergue sobre el colchón. No me levantaré. Oscuras sombras de mi pasado me acechan, esperando el menor movimiento para volver a flagelarme.

Recuerdo a mis amigos, sonriéndome desde el pasado, y temo por lo que ahora les pueda estar ocurriendo. Gloriosos momentos pasamos juntos, y ahora, como yo, estarán consumiéndose bajo el peso de su culpa, a oscuras en una habitación que les rechaza. Sus chistes ya no tienen gracia, sus actos ahora se me antojan patéticos. No debimos reírnos de aquella forma de nuestra suerte, no debimos haber jugado a aquel juego atroz. Todo tiene su límite, y nosotros nos decidimos a sobrepasarlo.

Comienzo a percibir las cosas que me rodean, pero sólo hay un sentido que aún se mantiene intacto, y es el olfato. Este me trae fétidos olores de lo que parece ser mi cena de anoche. Intento volverme para evitar el olor, pero apenas lo hago un latigazo sacude mi cuerpo. ¡Está bien! ¡No me torturéis más, no volveré a moverme!

Un cigarro apagado no significa más que tiempo consumido. Un tiempo que no se preocupa más de nosotros que nosotros mismo de esa colilla. Y sé que mi habitación, llena de esas oscuras sombras, está repleta a la vez de ese tiempo consumido.
Vuelvo a cerrar los ojos para intentar huir de mi precaria situación. Recorro ahora calles vacías, intentando guarnecerme en los soportarles de una lluvia que no va a caer jamás. El sol está por salir, y mi casa aún queda lejos. Por más que ando compruebo que no alcanzo mi meta. Mis manos heladas sostienen un vaso vacío de contenido, como muchas de mis palabras dichas anteriormente. Me deshago de él y corro hacia delante. El resto es la nada.

Abro los ojos. No quiero sumirme de nuevo en mi paranoia. En la oscuridad percibo pequeñas manchas, que, aún sabiendo que no son más que producto de mi retina sucia, intento perseguir. Muevo lentamente la mano hacia mi bolsillo y compruebo que llevo los mismos pantalones de siempre. Saco el paquete de tabaco y lentamente me llevo un cigarro a la boca. Parece que esto no molesta a mis torturadores. Con la otra mano tanteo y cojo el mechero. El humo sale disparado de mi boca, que siento reseca y con mal sabor.

Me fijo en las figuras que forma el bocanada, y poco a poco me veo arrastrado hacia lo que sé es mi futuro.

Las paredes son blancas, las personas son blancas, yo soy blanco. Todo cuanto me rodea es blanco. Me doy cuenta entonces que mi cerebro quiere que interprete que estoy en un hospital. Los tubos blancos, contiendo líquido blanco, rodean mi cama. Mi estómago cuelga sobre mí, junto al resto de mis órganos. Miro mi cuerpo y compruebo que estoy completamente abierto, y allá donde debiera haber una vejiga, no hay nada. Miro a mis órganos tendidos y veo que también faltan. Poco a poco empiezan a desaparecer el resto de órganos, y yo también empiezo a desaparecer. Finalmente, todo se borra, y vuelvo a estar a oscuras en mi habitación.

El cigarro ha sido consumido, y me doy cuenta de que estoy sentado en una silla con un terrible dolor concentrado en mi cabeza. Enfrente de mí veo el vómito, y vuelven a entrarme náuseas.

¿Cuánto tiempo llevo aquí encerrado?

Mis cautivadores se resisten a decirme nada, pero ahora me dan la espalda. Aprovecho la ocasión y huyo de esa habitación por la puerta entreabierta. ¡No! ¡El sol! Caigo rendido en el suelo, sin más fuerzas para seguir luchando y un terrible dolor de cabeza destrozándome todo el cuerpo...

Maldita bebida, terminará acabando conmigo.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Curioso relato si.Ya era hora que volvieses con la narrativa. Noto además cierta madurez en la expresión ¿Será verdad que estabas escrbiendo y escbribiendo aunque no actualizaras....?¿ jejeje

Kiüs dijo...

Eh!Qué tienes que decir en contra de la bebida?! xDDD

No he podido parar de pensar que en unos minut...digo...(ahora en serio xD)que ese buen hombre yacente y dolorido era el padre del colega de la anterior entrada, me equivoco? Lo sea o no, me gusta pensar que lo es ^^

"Pero, ¿a quién le importan los matices? ¡No puedo ni tenerme en pie!". Me gusta :D

PD: "Las paredes son blancas, las personas son blancas, yo soy blanco. Todo cuanto me rodea es blanco.(...)Los tubos blancos, contiendo líquido blanco, rodean mi cama."...Qué ario todo, no? xDDD

Mirthas dijo...

Ay, Martín, hombre de poca fe... Sabes que cuando te digo que estoy seco, lo estoy, y si te digo que no, es que no.

Y gracias por el piropo, supongo que lo dirás en serio. Ya sabes que a mí no hace falta mucho regalarme el oído.

Y Kiüs, no, no es el padre de nadie. Ni tan siquiera de su voluntad.

Aurelio dijo...

Es la primera vez que accedo a tu espacio y he de felicitarte por lo transcendental y filosófico de tus relatos. Se denota que han sido realizados por un amante de la sabiduría. Te alento a que sigas por ese camino, llegarás lejos. Seré un asiduo lector de tus relatos. Aurelio

Echos of a dream dijo...

Tempus fugit... Y ya no eres, sino eras.

Felicidades por algunas figuras retóricas más que interesantes.

Mirthas dijo...

Aurelio, si te ha gustado esta entrada especialmente, permíteme que te sugiera leer otras antiguas de este mismo blog y de otro en el que soy colaborador.

Realmente la entrada que te voy a sugerir de este blog es la que lleva por nombre el título del otro blog, así que no habrá pérdida.
Se llama Los hijos bastardos de Dios

Por otro lado, te doy una reseña de mis entradas, organizadas por meses, en el otro blog:

Febrero:
·Los Cielos han gastado mi último suspiro
·Si tuviera un tumor lo llamaría Marla
·
Melinda y la incomprensión de su romanticismo.


Marzo:
·
El encogimiento de hombros generacional

·Meditaciones en la voluptuosidad
·
La llegada a la soledad


Te mando un saludo. Ya nos leeremos por aquí.

Irene dijo...

vale, me paso por aquí porque de tus blogs es el que esta más actualizado recientemente.

Encantada de conocerte, lei tu comentario en el blog de Kius XDDD

Bueno, no te voya mentir, no he leido el relato que has escrito porque hoy no tenia muchas ganas de leer, pero lo leeré, soy bastante asidua a leer jaja.

Pos nada, que no se porque no puedes acceder a mi blog, es una pena, siempre me alegro cuando alguien nuevo aparece.

pos nada, espero verte por elli alguna vez ein!!

Saludos y, nuevamente, encantada.

Mirthas dijo...

Irene, revisa tus comentarios del retrato de Von Karajan. Verás que al día siguiente de comentar a Kiüs ya había logrado acceder a tu blog.

Y por lo de no leer... Bueno, uno que aquí suele firmar "echos of a dream" tampoco lo lee nunca y comenta lo primero que le viene a la cabeza. Al menos tú lo dices.

Un saludo.